Capítulo veintitrés: El precio de los secretos
La primera luz del amanecer atravesó los ventanales del castillo, tiñendo de oro las piedras antiguas. Pero la calidez del sol no alcanzaba a derretir la helada que se extendía en los pasillos como una advertencia.
Lysandra ya estaba despierta.
Sentada frente a su tocador, con las manos enguantadas y la espalda rígida, hablaba con Maelia como una reina que da una orden irrevocable.
—Tienes que hacerlo —dijo, sin mirarla—. Esta noche. No más ju