Capítulo Doce. La grieta en el muro
Lysandra observaba desde la galería alta, los dedos crispados sobre el mármol de la baranda.
Desde allí podía ver cómo Kael sostenía la mano de Lyra mientras el niño dormía en la enfermería, rodeado de sanadores. El lazo entre ellos ya no era un rumor: era una evidencia. Y como toda evidencia, era peligrosa.
—Maldita sea —susurró entre dientes, tan bajo que ni el eco quiso cargar con esa furia.
Maelia se mantenía a su lado, callada, con los labios apretados.