Capítulo Once. La batalla por el trono.
La lluvia persistía como un lamento que se negaba a callar. El amanecer no traía luz, solo una penumbra gris que empapaba los tejados del castillo y se filtraba en los corredores como un mal presagio.
Lyra despertó sobresaltada. No recordaba haber vuelto a su habitación, ni cómo había llegado a la cama. Solo el rostro del extraño seguía presente en su mente, ese ser entre lobo y sombra que la llamó Serena sin titubeos.
Sus dedos temblaban cuando los alzó