La voz de Lucía era aguda y frenética, lo que hacía que la mandíbula de Fernando se tensara cada vez más. —¿Qué demonios pasó? —preguntó él con dureza. —Alisson se ha ido —logró decir ella, obligándose a mantener una calma que se rompía en cada sílaba.
Fernando supo de inmediato que esto era grave. La imagen de la bebé sonriéndole en la suite del hotel cruzó su mente, provocándole un nudo de ansiedad en el estómago. —Sentate. Explicame paso a paso.
—¡No hay tiempo! —gritó ella, arrugando el fin