Junto al hombre barrigón estaba sentada una mujer seductora que removía su copa de vino tinto, observando a Carlos con una malicia juguetona. Su mirada lo enroscaba como una serpiente, y sus rasgos afilados parecían capaces de atravesar huesos. Por alguna razón, el rostro suave y sereno de Lucía llenó de repente la mente de Carlos, despertando una extraña ternura en su interior.
Pero el recuerdo cambió rápido: volvió al tenso enfrentamiento con Fernando. Recordó la furia en los ojos de su antig