Así pues, esta era su ventaja: la caída de Carlos era ahora una guerra abierta. Lucía había pasado por el infierno de Támara y ya no era aquella mujer que se inmutaba ante las apariencias; desde luego, no iba a ser quisquillosa con el dinero. El dinero era supervivencia, y no iba a permitir que se desperdiciara después de lo que Carlos acababa de pasar. Sin dudarlo, metió toda la pila de billetes en el bolsillo de su abrigo. Era lo mínimo que podía hacer para que esas bebidas sirvieran para alg