El corazón de Fernando dio un vuelco involuntario y sus pupilas se contrajeron con violencia. Se le cortó la respiración por un segundo, pero para cuando quiso reaccionar, la mujer del rincón ya se había dado la vuelta.
La fiebre de Alisson seguía subiendo. Lucía sabía que si no recibía tratamiento pronto, la vida de su hija correría peligro, y allí, en el hospital de los Valladares, solo recibiría desprecio. Ignorando el odio que le quemaba las entrañas, decidió huir de aquel lugar y regresar