La mañana del aniversario amaneció con un cielo plomizo que amenazaba con aplastar la ciudad. En la sede de Imperial Textiles, el ambiente era de funeral. Los miembros de la junta directiva estaban sentados alrededor de la mesa de caoba, la misma que Lysandra heredó de su abuelo. Adrián ocupaba la cabecera, pero su presencia era la de un hombre que esperaba la guillotina. Tenía ojeras profundas y el traje le quedaba ligeramente grande, como si su propia piel se hubiera encogido bajo el estrés.