El silencio que siguió a la línea plana en el monitor de Maximilian no duró más que unos segundos de terror puro. Los médicos, bajo la mirada de Vargas, descargaron el desfibrilador una y otra vez hasta que el pulso regresó, débil y errático. Cassandra coordinó la evacuación inmediata. En medio de la noche, un helicóptero sacó a Maximilian de aquella clínica de mala muerte hacia la capital, mientras una ambulancia blindada trasladaba a Lysandra bajo una vigilancia que no admitía errores. En ese