Lysandra sostuvo la mirada de Maximilian bajo la luz de la luna que bañaba la terraza de la villa. El sonido del mar golpeando las rocas era el único testigo de la exigencia que él acababa de poner sobre la mesa. Firmar el divorcio a cambio de las tierras de su madre. La propuesta era un rescate envuelto en un lazo de seda, pero para Lysandra olía a una nueva forma de control, a trampa. No podía creer que nada bueno, como lo que Maximilian pretendía msotrarle sucediera en su vida. Se dijo que n