Lysandra cerró apoyó la espalda contra la madera fría de la puerta de la suite. El silencio de la habitación la golpeó con la fuerza de un impacto físico. Había logrado su objetivo, logró revertir el juego sucio de Vania, pero se sentía mal. La felicidad no era completa.
De pronto volvió esa sensación de repulsión por la vida tan triste que estaba viviendo. Eso de fingir ser fuerte y vivir en guerra constante era desgastante.
Los flashes de las cámaras seguían grabados en sus pupilas y la voz