Maldita mujer
Estaba muy enojado, les juro que me provocaba tomarla por el cuello hasta que se quedara sin aire; necesitaba humillarla, que me pidiera perdón. Estaba furioso, apretaba mis puños para tratar de controlar mi ira, pero no podía; esta maldita mujer estaba destruyendo mi imagen. Así que la dejé votada en algún lugar del salón, me fui a bailar y coquetear con las mujeres que se morían por estar conmigo; esto le enseñaría que aquí quien manda soy yo. Me acerqué a una de las mujeres que siempre quería