Selena despertó. Tenía la cabeza mareada y la nuca se sentía pesada. Intentó parpadear, pero no reconocía dónde estaba.
Sus ojos se sentían difíciles de abrir.
¡¿Joaquin?!
Recordar a su hermano menor hizo que la conciencia de Selena regresara por completo. Se sobresaltó y se incorporó de un solo gerakan, provocando que su cabeza volviera a palpitar de dolor. Gritos, advertencias y otras voces desconocidas resonaban en su mente.
¿Estaba soñando?, se preguntó en silencio.
«No debería incorporarse tan de repente», dijo alguien con tono de pánico, haciendo que Selena abriera los ojos nuevamente y viera a una mujer de unos cuarenta años mirándola con expresión inquieta. Ese rostro claramente no le resultaba familiar.
«¿Quién eres tú?», replicó Selena. Quiso frotarse los ojos que se sentían pesados, pero la mujer le detuvo la mano.
«No debe arruinar su maquillaje. Si lo hace, el señor Santoro se enfadará», pidió la mujer con nerviosismo.
Selena frunció el ceño. ¿Maquillaje? ¿De qué maquilla