Las personas que antes la habían arreglado llegaron poco después de que Mateo se marchara. El “descanso” del que había hablado aquel hombre resultó ser, en realidad, pura palabrería, porque después de eso Selena fue obligada a cambiar su maquillaje por otro mucho más cargado, y el vestido de novia que llevaba también tuvo que ser reemplazado por otro lujoso que ella estaba segura tenía un precio exorbitante. Aunque no era el tipo de vestido que ella compraría, esta vez haría una excepción, porque aquel vestido que marcaba claramente su figura se veía tan hermoso al llevarlo puesto. Eso hizo que su confianza en sí misma —aunque solo fuera una sustituta— aumentara algunos puntos porcentuales.
Una vez lista, Selena fue conducida hacia el automóvil que la llevaría al hotel Montoya. Un hotel majestuoso propiedad de la familia Montoya, conocida por su actitud humilde a pesar de su inmensa riqueza; un carácter que era lo opuesto al de la familia Santoro e incluso, quizá, al de la familia Val