Mundo ficciónIniciar sesión—Sí. El señor Valenzuela dijo que usted es libre de usar lo que quiera—continuó. Y, sin sentir duda ni vergüenza alguna, Selena se acercó y abrió la puerta de cristal, que más bien parecía la entrada de una tienda de ropa nueva, pues todas las prendas que había allí claramente no habían sido usadas ni una sola vez.
¿Entusiasmo? No. Se sentía interesada, sí, pero solo hasta cierto punto. Giró la cabeza hacia la camarera con una expresión de desagrado.
—Tráeme mi ropa—respondió con frialdad.
—Toda esta es su ropa, señora—insistió la camarera.
—Todo esto claramente no es mi ropa—replicó Selena con aspereza.
Era evidente que aquellos vestidos cortos, los zapatos de tacón alto y las joyas cubiertas de diamantes no







