Mundo ficciónIniciar sesión—Sí. El señor Valenzuela dijo que usted es libre de usar lo que quiera—continuó. Y, sin sentir duda ni vergüenza alguna, Selena se acercó y abrió la puerta de cristal, que más bien parecía la entrada de una tienda de ropa nueva, pues todas las prendas que había allí claramente no habían sido usadas ni una sola vez.
¿Entusiasmo? No. Se sentía interesada, s&iacu







