—¡Por favor, señora Méndez, tiene que salvarme! —Suplicó Gonzalo, con voz temblorosa debido al miedo. —¡El señor Figueroa me mantuvo cautivo y apenas si logré escapar! ¡Si me encuentra y me lleva de vuelta, estaré perdido!
Catalina, por supuesto, no dudaría en ayudarlo. Después de todo, era la carta más valiosa que tenía en contra de Valentina y no podía permitir que perdiera su utilidad.
—¿Cuál es el siguiente paso, mamá? —Preguntó Luciana, expectante.
Ángel mostró su descontento. Justo cuando