Valentina llevó a Sofía al restaurante y pronto llegó Daniela.
Después de tres años, Daniela no había cambiado mucho. Su largo y negro cabello caía ordenadamente sobre sus hombros, y su pequeño rostro ovalado lucía radiante y delicado. Nada más aparecer, era evidente que se trataba de una señorita de buena familia.
Daniela corrió hacia ellas, emocionada. —¡Valentina, Sofía!
Valentina y Daniela se dieron un gran abrazo.
Sofía dijo con su voz infantil: —¡Vaya, Daniela está más guapa que la última