Pero al siguiente segundo Sara vio un rostro familiar. No era la asistenta en absoluto, sino Nina.
Esa molesta Nina que no dejaba de aparecer había vuelto.
Nina miró a Sara.
—Sara, ¿qué haces en el hospital?
—Esa pregunta debería hacértela yo. ¿Qué haces tú en el hospital?
—Una amiga mía se torció el tobillo y vine a acompañarla al hospital. ¡No esperaba encontrarte aquí por casualidad! ¿Viniste al hospital para un control prenatal?
Sara no creía que existieran tantas casualidades en este mundo.