—He oído que tu tío Héctor encontró a su hija perdida durante muchos años. Mateo, nosotros y los Celemín tenemos un acuerdo matrimonial. La hija de tu tío Héctor es tu prometida. ¿Has conocido a tu prometida?
Mateo se encontraba de pie frente a la ventana panorámica, su figura bañada en una luz tenue: —Mamá, ese fue un compromiso infantil que ustedes arreglaron. No reconoceré a esta prometida.
—Mateo, ¿qué quieres decir?
—Mamá, no me casaré con la hija del tío Héctor.
—¿Qué? —la voz de Katerina