Valentina se apartó: —Pasa.
Mateo entró.
Los dos se quedaron de pie en la sala. Valentina preguntó: —Señor Figueroa, ¿para qué me buscas?
Ese "señor Figueroa" ya marcaba una distancia, manteniéndolo a miles de kilómetros de ella.
Mateo se acercó: —Valentina, ¿podrías no ser tan fría conmigo? Todos estos años, nunca supe que era ella y no tú. Siempre te estuve buscando.
Valentina asintió: —Lo sé, ya me enteré de todo.
Mateo la tomó por los hombros: —Valentina, dame otra oportunidad, por favor. Ya