Valentina dijo que era tarde.
Dijo que ya era demasiado tarde para todo.
Mateo negó con la cabeza: —Valentina, todavía estamos a tiempo. Solo tienes que darme una oportunidad, y todo se puede arreglar.
Valentina se apartó de Mateo y se secó las lágrimas: —Señor Figueroa, ¿ya has dicho todo lo que querías decir? Ahora puedes irte.
—No, Valentina, yo...
Valentina puso su mano sobre su vientre plano: —Señor Figueroa, es tarde, estoy cansada y quiero descansar. Por favor, vete.
La mirada de Mateo ba