¿Para qué la estaba llamando?
Valentina lo pensó un momento y luego contestó el teléfono: —Hola, señor Figueroa.
La voz baja, ronca y magnética de Mateo llegó inmediatamente: —Valentina, ¿por qué no quieres verme? Quiero verte una vez.
Valentina parpadeó con las pestañas temblorosas: —Señor Figueroa, lo que teníamos que decir, los malentendidos que teníamos que aclarar, ya los hablamos en el hospital. Ahora no hay nada más que decir entre nosotros.
Mateo guardó silencio unos segundos: —Valentina