Valentina despertó aturdida. Al abrir los ojos, una luz blanca brillante le impedía ver con claridad.
Como médica, su primer instinto le reveló dónde se encontraba: estaba en una mesa de operaciones.
Valentina yacía en la fría mesa quirúrgica, rodeada de varios médicos con batas blancas.
Clic, clic, clic.
Los médicos abrieron varios frascos pequeños de medicamentos y comenzaron a llenar las jeringas largas.
—Administren inmediatamente el anestésico a la paciente y comencemos el procedimiento de