Mateo no recordaba cuándo fue la última vez que la besó, solo sabía que ahora todo su cuerpo hormigueaba.
En ese momento, la chica se atrevió a explorar más, como un gatito que araña suavemente aquí y allá, hasta que finalmente atrapó su lengua y succionó con fuerza. Mateo sintió que ese hormigueo le subía por la columna directo al cerebro; era como si ella estuviera a punto de chuparle el alma.
Respirando pesadamente, dejó caer todo el peso de su cuerpo sobre ella. Maldita sea, parecía que su c