No se lo había dado.
Sin embargo, quería marcharse y trató de retirar su mano, pero los dedos de Mateo la sujetaban con fuerza mientras la arrastraba.
—Mateo, ¿qué haces?... Suéltame, ¿a dónde me llevas? —Tropezaba tras él, quien iba demasiado rápido.
La sacó del spa y la metió en su lujoso auto. Media hora después, se detuvo frente a las oficinas del Grupo Figueroa, donde la arrastró hacia dentro de la empresa.
Esa noche, los empleados del departamento técnico estaban trabajando horas extra y s