Capítulo 56 —Una deuda que no tenía
Narrador:
Mateo siguió hablando, sin suavizar nada, sin permitir que la verdad se disfrazara.
—Trabajaba para tí —dijo, firme, directo —Hasta que apareció el Sastre y se llevó a su equipo. Y como Roberto no quiso traicionarlo… fueron sus propios compañeros quienes lo mataron.
Dinorah cerró los ojos un instante. Solo un segundo. Pero el nombre de su marido le atravesó el pecho como una bala caliente.
Cuando los abrió, Roman seguía sosteniendo su mano. La suya,