Aria continuó buscando trabajo. No solo tenía que reunir el dinero que Sebastian le exigía, sino también pagar el tratamiento de su madre. Cada día que pasaba sentía que el tiempo se escapaba entre sus dedos.
Y, como si se tratara de un déjà vu, la escena de unos días atrás volvió a repetirse.
Acababa de salir de otra entrevista fallida cuando un automóvil deportivo negro se detuvo lentamente a su lado. Ni siquiera necesitó levantar demasiado la vista para saber de quién se trataba.
Sebastian M