—¡Oye, Aria! ¿Cómo te fue en la entrevista de trabajo hoy? —preguntó Jennifer en cuanto entré a casa—. Espero que por fin tengas un lugar donde trabajar.
Sentí como si me hubiera dado una bofetada sin querer, pero era mi hermana… no podía culparla.
—Sí… lo tengo —respondí en voz baja.
—¿¡De verdad!? —exclamó emocionada—. ¿Es grande el lugar? ¿Y el salario? ¿Será suficiente para nosotros? ¿Para el alquiler? ¿Para mi escuela? Ya voy en octavo grado y el próximo año entro a la universidad…
—Espero