—¿Agradable? —repliqué, incrédula—. ¿Acabas de decir que es agradable? Ese hombre es frío, despiadado… y no, no lo encuentro lindo en absoluto.
—¿Estás segura? —preguntó con un tono burlón—. Porque vi claramente la forma en que lo mirabas esta mañana.
—¿Qué mirada? —me apresuré a negar—. No hice nada.
—Si tú lo dices… —respondió, divertida—. En fin, no lo olvides: nos vemos el viernes, ¿sí? Te llamaré antes. O mejor… déjame tu dirección y paso por ti. Sí, eso haré.
—Jess… —dudé—. No es que no q