Pero eso no significaba que pudiera perdonarlo.
—¡Eso no te da derecho a destruir mi vida!
—No estoy destruyendo tu vida —respondió con tranquilidad—. Estoy enseñándote que las acciones tienen consecuencias.
Me incliné hacia la ventanilla del automóvil y lo señalé con el dedo.
—¡No tienes ningún derecho a involucrar a mi familia en esto!
Su expresión cambió ligeramente al escucharme mencionar a mi familia.
—Tu familia jamás fue mi objetivo. Tú lo eres.
—¡Entonces deja de amenazarme con mi madre