Ojalá tuviera el poder de darle a este loco una lección que jamás olvidara en toda su vida.
—Mire, señor Sebastian —dije con firmeza—. Yo, Aria, nunca trabajaré para usted. Prefiero que me encierre en la cárcel. Prefiero pasar el resto de mi vida tras las rejas antes que trabajar para alguien como usted. ¡Eso jamás va a suceder!
Me mantuve firme, sin apartar la mirada. No me importaba cuál fuera el resultado. Lo único que sabía con absoluta certeza era que nunca trabajaría para un hombre como é