El aire en el gran salón de la mansión se volvió irrespirable en una fracción de segundo.
El estruendo de los fuegos artificiales exteriores, que celebraban el nacimiento de un nuevo año, fue devorado por el silencio sepulcral que siguió a la entrada triunfal de Lina Holland.
Vestida con un traje rojo sangre que parecía una herida abierta en medio de la elegancia del salón, Lina avanzaba con paso errático, arrastrando a una Kira somnolienta y aterrorizada, y detrás de ella, Peter Stone lucía un