El eco de la expulsión de la Dra. Vance aún vibraba en las paredes de la mansión cuando la alerta de la videoconferencia iluminó las pantallas del despacho.
Alma se encontraba en el vestíbulo, intentando estabilizar su respiración, cuando Henry se acercó con una expresión que mezclaba la urgencia con la cautela.
— Alma, la Jueza Davis está en línea, no hay tiempo para procesar lo ocurrido, necesito que entres ahí y seas la mujer más enamorada del mundo — susurró Henry.
Alma lo miró con los ojos