La mañana del tercer día amaneció con una neblina densa sobre el jardín, una metáfora perfecta de la atmósfera que reinaba dentro de la mansión Lockwood, oscura y nublada.
Después del desayuno, Iván, Alma y Henry fueron convocados al despacho principal por la Dra. Sarah Vance, quien los esperaba sentada tras el escritorio de caoba con una arrogancia renovada, como si fuera la dueña del lugar.
Arthur Sterling estaba a su lado, con la mirada fija en el suelo y la mandíbula tan apretada que parecí