Uno de los pies de la niña había tropezado entre la hierba alta, y Kira salió volando hacia delante, sin tiempo de meter las manos y aterrizó de forma estrepitosa sobre el pavimento de piedra de la terraza, muy cerca del borde de la piscina, produciendo un sonido seco que hizo que Alma sintiera un vuelco en el estómago.
— ¡Kira!
El impacto fue seguido por un silencio aterrador de un segundo, y luego, un llanto dolorido que pareció desgarrar la paz de toda la mansión de Brickell.
— ¡Kira! — Alma