Maximilian Voss.
Las siete de la noche en mi reloj biológico se sentían como el final de una larga e implacable batalla en el mundo de los negocios. El plano de desarrollo residencial de la familia de Sofía se extendía sobre la pantalla interactiva, un laberinto de números y proyecciones que yo dominaba con la precisión de un cirujano, pero mi mente, por primera vez en mi carrera, no estaba enfocada al cien por ciento en las ganancias de la firma inmobiliaria. Al fondo de la sala de juntas acr