Evangeline.
La jornada laboral se había transformado en una tortura lenta y metódica. Desde que Max me había obligado a deshacerme de las flores de Cristopher, no me había dado ni un solo segundo de tregua. Parecía decidido a agotar mis fuerzas físicas y mentales, teniéndome de un lado a otro de la planta ejecutiva, exigiéndome reportes archivados, revisiones de contratos de último minuto y fotocopias que requería con una urgencia implacable. Cada vez que me levantaba de la silla de la recepc