Maximilian Voss.
El sudor y los jugos de nuestra consumación compartida se enfriaban lentamente sobre la piel, dictando el final del caos carnal y el inicio del orden estructural. Permanecí sobre el colchón, observando el cuerpo de Evangeline Olmos tendido bocarriba, con las piernas aún entreabiertas y el pecho subiendo y bajando en una respiración lánguida y superficial. Estaba completamente exhausta, con los ojos entornados hacia el techo y el cabello cobrizo pegado a las sábanas húmedas por