Evangeline Olmos.
Salí del cuarto de baño envuelta en una densa nube de vapor, sintiéndome extrañamente relajada y tranquila. El agua caliente y la intensidad de lo que acababa de vivir habían aplacado temporalmente el torbellino de mi mente. Sentía el cuerpo liviano, flotando en una especie de anestesia sensorial que me hacía olvidar, al menos por unos instantes, la gravedad de mis acciones. Me ajusté la bata de felpa blanca alrededor de la cintura, sintiendo el roce suave de la tela contra