— Alex tiene sus deslices, sus juguetes... pero siempre regresa a mí. Es su instinto. Mientras tú guardas reposo por orden de papá, nosotros estamos en lo nuestro. No eres la primera mujer que Alexander sacrifica en el altar del apellido Miller. Eres solo el medio para su fin.
— ¡Mientes! — exclamó Helena, aunque su voz carecía de fuerza.
— ¿Miento? Perdón, ¿Estás confesando algo, Helena?
Helena apretó los dientes y cerró los ojos con el rostro todavía en dirección a la ventana que daba al jard