La mansión Miller siempre había sido un lugar de verdades enterradas bajo capas de opulencia. Sin embargo, para la mañana siguiente al incidente de la biblioteca, el aire en el área de servicio estaba cargado de una electricidad malsana.
Martha, una de las enfermeras asignadas al turno de noche, servía café con manos temblorosas en el comedor de los empleados.
— No fue un abrazo de consuelo, les digo que era otra cosa — susurró, con los ojos muy abiertos — Estaban en la penumbra, casi… fundidos