— Porque no tengo nada más que ofrecerte, Helena. Mi padre me tiene bajo amenaza de destierro, mis hermanos me odian y la mujer que amo me mira como a un monstruo.
Ella no pudo evitar que una lágrima se escapara de sus dulces y tristes ojos.
— Si quisiera manipularte, te traería joyas o promesas vacías. Pero aquí estoy... humillado, suplicando por un perdón que sé que no merezco. Por favor... no me eches de tu lado. Si me quitas tu mirada, ya no me queda ninguna razón para seguir peleando contr