Por la mañana decido desayunar en mi habitación. No tengo ánimos de ver a Seraphina. Y estoy lo suficientemente nerviosa para ver a Cassian.
He dicho que necesito tranquilidad antes del viaje, que quiero concentrarme en revisar todo lo necesario para el proyecto y Daniel no pareció dudar nada porque enseguida envió a una empleada para subirme el desayuno.
Pero la verdad es otra. Estoy temblando por dentro. Cada hora que pasa me acerca más a ese avión. A ese viaje. A Cassian.
Me siento en