El jet privado nos espera en la pista como una bestia elegante y silenciosa. El cielo comienza a oscurecerse, tiñendo las nubes de un gris azulado que parece presagiar todo menos tranquilidad. Camino hacia la escalinata con el corazón palpitando a un ritmo que me traiciona. No por el viaje. No por el proyecto. Por él.
Cassian camina junto a mi, con su porte impecable, vestido con esa camisa oscura abierta en el cuello y ese abrigo negro que le da un aire aún más intimidante. Cuando mis dedos ro