El amanecer del viernes tiñó el cielo de Tierra Escarlata de un gris plomizo, denso y ceniciento. En el despacho, Megan intentaba con desespero concentrarse en la revisión de los decretos de importación de suministros médicos, pero una extraña y persistente opresión en el pecho le advertía que la aparente calma de los últimos días era solo una ilusión óptica. El ambiente se sentía cargado, como la atmósfera previa a una tormenta eléctrica.
Sus peores sospechas se confirmaron cuando la pesada pu