Una hora después, el carro llegó a la ciudad. Las luces y la vida nocturna de las calles dejaron a Faustino boquiabierto. Era la primera vez que venía a la ciudad. La agitación de las calles, la limpieza y el orden, no se comparaban con nada que hubiera visto en su pueblo.
Ni hablar de la ropa de las mujeres. En el pueblo, ¡eso jamás lo hubiera visto en su vida! Minifaldas que apenas les cubrían el trasero dejaban ver unas piernas increíbles, y los tops escotados mostraban unos pechos que parecí