Faustino, si aún no entendía los sentimientos de Ximena, entonces sí que sería un tonto. En ese momento, impactado por la belleza de la mujer, su cabeza se calentó, y decidió arriesgarse.
—Ximena, ¡quiero que seas mi mujer!—Faustino respondió con fuerza al apasionado beso de Ximena, sus manos ya subían por su cuerpo...
—Faustino, ven a satisfacerme…—Ximena gemía sin sentido, como si estuviera borracha. Abrazó a Faustino con más fuerza.
Además de Faustino, nadie había disfrutado de ella de esa ma