—Muy bien, llámala. Que venga. Quiero ver si de verdad me va a arrestar —sonrió Faustino.
Ya se imaginaba que debía ser Mariana, la oficial de policía.
—Pueblerino terco, ¿no entiendes por las buenas?
—¡Ya verás! —Ulises sacó su teléfono y llamó a su prima.
—Oye Mariana, estoy con unos amigos y nos golpearon. ¡Ven rápido con refuerzos a ayudarnos!
En la jefatura de policía...
Mariana acababa de terminar el caso del día anterior y ni siquiera había tenido tiempo de sentarse a descansar cuando rec