— Sí, don Dante, lo haré.
Dante miró al maestro de selección de piedras que estaba a su lado.
— Vamos, vamos allá.
El maestro de selección de piedras siguió a Dante, llevando las copas de vino ya preparadas con la sustancia y un vaso de agua. Juntos llegaron a la puerta de la habitación de Daniela. Dante, por su parte, llevaba una copa de vino sin nada añadido. *Toc toc toc…*
Unos golpecitos suaves sonaron en la puerta. Daniela estaba dormida profundamente, y despertó con el ruido. Se qued