Después de beber el agua, Daniela dijo:
— Voy a llamar a Faustino, luego tendrás que disculparte bien con él.
Luego, Daniela, moviendo sus caderas y glúteos, fue a la puerta de la habitación de Faustino.
— ¡Por supuesto, quédate tranquila, Daniela!
Dante observaba en secreto la espléndida y hermosa espalda de Daniela. En su interior, una sonrisa fría se dibujaba en sus labios.
— Vaya, ¡qué cuerpo tan ardiente! Ya me estoy poniendo un poco nervioso. ¿Qué postura usaré luego? Te haré llegar